
El principal objetivo de la nueva ordenación republicana fue hacer de España un país moderno, industrializado e integrado en el concierto internacional. Para ello era necesaria una reforma generalizada de todos los aspectos de la vida del país:
Democratización de la actividad política.
Reforma agraria.
Industrialización, basada en una relación justa entre patronal y trabajadores.
Solución de los problemas regionalistas mediante la concesión de autonomías.
Supresión de la influencia de la Iglesia.
Modernización del ejército.
La política reformista del gobierno republicano encontró gran resistencia por parte de la derecha, agrupada en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), y por la Unión Militar Española (fundada en 1933), que englobaba a los sectores más conservadores del ejército.
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